Escrito por Cristina Arias Salvador. Licenciada en Ciencias de la Educación (pedagogía) Universidad de Valencia, es además miembro del Equipo Técnico del Centro de Reeducación de menores de la "Colonia San Vicente Ferrer"
El gobierno, ha propuesto la modificación del artículo 154 del Código Civil. Este artículo dice literalmente "Los padres podrán en el ejercicio de su potestad recabar el auxilio de la autoridad. Podrán también corregir razonable y moderadamente a sus hijos".Concretamente, se pretende suprimir la parte que autoriza a los padres a "corregir razonable y moderadamente a sus hijos"Ambos términos, ambiguos a mi entender, pueden ser interpretados por los padres de dos formas. Como consecuencia, entre los padres, coexisten dos formas de pensar y actuar.Por un lado, aquellos que piensan “cuando mi hijo no se comporte acorde a la norma ¿puedo corregirle moderadamente dándole un “cachete”?”, y por otro, aquellos que piensan “¿es mí deber darle ejemplo y corregirle razonablemente mediante la pérdida de privilegios y transmisión en valores para procurarle una formación integral?”El sentido común nos dice que el comportamiento de los padres va a depender del significado que atribuyan al concepto de autoridad. El mismo artículo 154 del Código Civil dice "La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad y comprende los siguientes deberes y facultades: velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarles y procurarles una formación integral" A mi juicio, entre estos deberes, sin menoscabar la importancia del resto, destacaría en nuestra sociedad el deber de "tenerlos en su compañía" y "educarles"En los últimos años, se habla mucho de una pérdida de autoridad en los padres. De hijos maleducados, malcriados, que presentan conductas violentas, incluso con sus propios progenitores.Y yo me pregunto: ¿no es educar, entre otras cosas, estar con tus hijos, darles afecto pero también ponerles normas y supervisar las mismas? Ello implica dedicarles tiempo, esforzarte y ser coherente con lo que se dice y hace.En una sociedad como la nuestra, la violencia que ejercen los hijos hacia los padres es una realidad que cada día va en aumento. Se trata de un tipo de maltrato pero también, de un problema familiar íntimo, con el que cohabitan muchas familias como consecuencia del sentimiento de culpabilidad que conlleva el denunciar a un hijo. Ello es fruto de unas determinadas creencias, que impiden en muchas ocasiones tomar la difícil, pero necesaria decisión, de denunciar a tu hijo en la Fiscalía de Menores. A pesar de ello, en los últimos años, el número de denuncias de padres hacia hijos por maltrato familiar continuado ha ido en aumento. Concretamente, a lo largo del año 2004 la Fiscalía de Menores de Valencia, llevó a cabo 259 Diligencias Preliminares por esta causa. En el año 2005 esta cifra fue de 320, lo que implica un aumento considerable que nos obliga a reflexionar.Mi experiencia como miembro del Equipo Técnico en un centro de reeducación de menores me dice que, cada día, los padres dedican menos tiempo para estar en compañía de sus hijos. También que, los problemas de violencia que presentan los hijos hacia sus progenitores, son el resultado de escasas habilidades por parte de los padres a la hora de educar.Ello les hace no culpables, pero sí responsables del problema.La culpabilidad implica actuar deliberadamente, mientras que la responsabilidad, el actuar involuntariamente bajo un desconocimiento. La gran mayoría de estos padres actúan sin la intención de causar el daño. Tal y como he comentado con anterioridad, "la patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad…" Es cierto que existen hijos con una personalidad difícil…, pero también es cierto que muchos padres, carecen de las habilidades necesarias para educarles. Les cuesta saber cómo actuar en determinados momentos, comportándose en la mayoría de los casos de la forma que implica menos esfuerzo, sin ser conscientes del perjuicio que supone con el tiempo dicha forma de actuar, tanto para sus hijos como para ellos mismos. Aunque pueda parecer un ejemplo nimio, cuantas veces hemos oído…si le hubiera dado un cachete a tiempo…A la hora de ofrecer una adecuada educación a nuestros hijos, la congruencia, se convierte en una máxima. Sin embargo, ¿cuantos padres pegan un cachete a sus hijos cuando ven que están pegando a uno de sus hermanos? Quiero pensar que, su objetivo es trasmitirles el valor del “respeto”, haciéndoles ver que, no existe ningún tipo de justificación que de derecho a pegar a otra persona. A corto plazo, ejercen lo que me atrevería en denominar “falsa autoridad”, paralizando de forma inmediata la conducta a erradicar. A medio y largo plazo, les estamos transmitiendo que a través de la violencia se puede conseguir lo que uno quiera. Y además, de una forma rápida, sin esfuerzo. Es la hora de actuar de forma reflexiva, ejerciendo el sentido común. De erradicar todo tipo de castigo físico, de hablar de responsabilidad. La nuestra, como profesionales es, ofrecer a los padres pautas de crianza adecuadas que les enseñen a interactuar de una forma diferente con sus hijos. Por su parte, es la hora del esfuerzo, de asumir la obligación moral como padres.
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Hace 2 años

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